
El proyecto del nuevo campus de la Universidad de la República en Paysandú avanza bajo un esquema de ejecución por etapas, con dos obras ya en marcha y otras en proceso de definición, en una intervención que abarca una construcción nueva, reciclaje de estructuras existentes y la creación de un espacio abierto –y público– que articulará el conjunto.
En la mañana de este lunes, pese a la lluvia, hubo recorrida por el lugar de las autoridades departamentales, encabezadas por el intendente Nicolás Olivera, acompañados por el rector de la UdelaR, Héctor Cancela, y representantes de la CAF, entidad clave para esta inversión de 26 millones de dólares.
En diálogo con la prensa, el arquitecto Mario Báez, integrante de la Dirección General de Arquitectura y uno de los responsables del diseño, explicó que “el edificio consta de cuatro partes” y que “por ahora lo que se decidió es dividirlo y licitarlo por separado”.
Las primeras dos intervenciones ya están adjudicadas y en ejecución. Se trata del edificio de obra nueva sobre calle Zorrilla de San Martín y de la refuncionalización de galpones sobre calle Dr. De Herrera, donde se instalarán laboratorios. “Esas dos obras ya están en ejecución, las dos con una previsión de finalización para mayo de 2027”, indicó Báez, aunque advirtió que los plazos pueden verse afectados por factores externos. “Probablemente esto de mayo de 2027 no prevé días de lluvia como el de hoy (por ayer), paros y demás”, señaló.
A esas etapas se suman otras que aún no han sido licitadas. Entre ellas, la recuperación de galpones sobre calle Solís, cuyo proyecto ya fue aprobado, y una serie de intervenciones menores sobre construcciones en calle Río Negro. En paralelo, el proyecto incorpora un componente que Báez definió como central, el denominado “jardín universitario”, un espacio que ocupará el área intermedia del predio. “Es todo el espacio que hay entre medio, en esta hectárea y media, entre estos cuatro sectores de edificación”, explicó. Ese sector estará organizado en terrazas que descienden hacia el río y será, en parte, ejecutado junto con las obras ya en curso y, en parte, en futuras licitaciones.
El objetivo, según el arquitecto, es evitar habilitaciones parciales. “La idea es intentar no inaugurar sectores, sino que esto esté pronto todo junto”, aseveró. En ese sentido, si bien las dos obras principales tienen un cronograma definido, el desafío será acompasar las restantes para alcanzar una inauguración global durante 2027. “Pretendemos que estas otras etapas que todavía no se licitaron estén en el mismo tiempo. No sé si se va a dar, pero sí podemos decir que en 2027 se estaría inaugurando”, agregó.
En términos de superficie, el campus alcanzará en torno a los 10.000 metros cuadrados construidos, además de espacios exteriores. El edificio principal, de unos 4.000 metros cuadrados, concentrará áreas administrativas, de gobierno universitario, espacios docentes y de investigación, y un nivel completo destinado a simulación médica. “Es una cosa bastante novedosa. No existe en la ciudad, no existe en la región. Es algo totalmente nuevo”, subrayó Báez sobre este último componente.
El proyecto también incluye biblioteca, aulas de gran capacidad, espacios polivalentes, cafetería y diversos laboratorios. Parte de estas funciones se instalarán en estructuras recicladas, en una decisión que responde a múltiples criterios. “La idea de reutilizar las infraestructuras que existían es por un tema económico, por un tema sustentable, y también por un tema de memoria”, explicó. En el predio hay edificaciones que datan de principios del siglo XX, vinculadas al pasado ferroviario, que serán integradas al nuevo conjunto.
Desde el punto de vista arquitectónico, el diseño apuesta a esa convivencia entre lo nuevo y lo existente. “Podríamos decir que es una arquitectura contemporánea, nueva, con estructura metálica”, describió Báez sobre el edificio principal, que además contará con circulaciones abiertas y orientación hacia el río. Al mismo tiempo, destacó la incorporación de elementos naturales. “Va a ser un edificio muy verde”, afirmó, en referencia a una fachada que integrará vegetación.
El campus no será un espacio cerrado en sentido estricto. Aunque contará con ciertos controles, se proyecta como un ámbito abierto a la ciudad. “Va a ser un espacio abierto para la ciudad también”, señaló Báez, quien indicó que la intención es que pueda ser utilizado no sólo por estudiantes y docentes, sino también por la comunidad en general.
La capacidad de estudiantes que podrá albergar no está definida con precisión. “Es muy difícil estimar eso”, admitió, al explicar que el campus reunirá actividades ya existentes y otras nuevas, lo que amplía el alcance de la propuesta más allá de las actuales dimensiones de la oferta académica local.
*El Telégrafo


