
Paysandú dio un paso firme en su consolidación como ciudad universitaria con la inauguración de la Residencia Universitaria de Paysandú (RUP), una obra de alto impacto que no solo amplía oportunidades educativas sino que también redefine las condiciones en las que cientos de jóvenes del interior del departamento y de todo el país podrán construir su futuro.
La ceremonia, cargada de simbolismo, reunió a autoridades nacionales, departamentales y locales encabezadas por el intendente Nicolás Olivera, acompañado por la secretaria general Gabriela Gómez Indarte; el ministro interino de Medio Ambiente, Oscar Caputi, y el rector de la Universidad de la República, Héctor Cancela. También estuvieron presentes los intendentes de Tacuarembó y Río Negro, Wilson Ezquerra y Guillermo Levratto, junto a los diputados por Paysandú Juan Gorosterrazú, Fermín Farinha y Walter Verri, la presidenta de la Junta Departamental Valeria Alonzo, así como representantes de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, autoridades educativas, ediles, estudiantes, vecinos y actores sociales del departamento, reflejando la dimensión nacional del proyecto. Con una inversión superior a los 6 millones de dólares y más de 3.000 metros cuadrados construidos, la residencia ofrece capacidad para 140 estudiantes en un complejo que combina un edificio moderno de cinco niveles con la recuperación de un espacio patrimonial emblemático, el antiguo galpón de la exposición de 1964, hoy reconvertido en área de servicios, recreación y administración.
“Más allá de sus dimensiones y características técnicas, el eje del proyecto está en las personas”. Así lo expresó la directora de Promoción Social, Guadalupe Caballero, quien puso el acento en el sentido profundo de la obra. “Bienvenidos a la Residencia Estudiantil, bienvenidos al Paysandú Universitario”, dijo.
Caballero destacó que la ciudad ya es elegida por miles de estudiantes de todo el país. “Estamos en 11.000 estudiantes que han venido de distintos puntos del país y eligieron a Paysandú”, afirmó. Esa cifra se compone de unos 7.000 estudiantes vinculados a la Universidad de la República, alrededor de 1.600 del Instituto de Formación Docente, otros 1.600 de UTU distribuidos en distintos núcleos y cerca de 800 que cursan en UTEC. En ese contexto, la residencia aparece como una respuesta concreta a una necesidad real, la de alojar, acompañar y contener. “No es un simple alojamiento, es una residencia sanducera con gente preparada para acompañar a los estudiantes”, subrayó, poniendo en valor el equipo humano que estará presente en el día a día, no solo en la gestión, sino también en el apoyo emocional y académico.
La propuesta, además, incorpora una mirada inclusiva que trasciende lo arquitectónico. “Es inclusiva no solo en lo arquitectónico, sino también en lo intelectual”, señaló, destacando el trabajo con estudiantes que requieren acompañamientos específicos, lo que posiciona a la residencia como un espacio de integración real.
La calidad de la infraestructura no pasó desapercibida para quienes ya comenzaron a habitarla.
“Un estudiante escribió: ‘residencia universitaria, hotel 5 estrellas’”, relató Caballero, reflejando el impacto inmediato que genera el entorno en los jóvenes que llegan desde distintos puntos del país.
Actualmente, la residencia aloja a 70 estudiantes y continuará completando sus 140 cupos a medida que avance el calendario académico.
COMO EN CASA
Desde el punto de vista técnico y conceptual, Diego Belvisi, subdirector de Obras, destacó que el objetivo central fue recrear un ambiente que no resulte ajeno para quienes deben dejar su hogar. “Lo que tratamos de hacer es que este lugar cada uno de los residentes lo sienta como su casa”, afirmó, subrayando que las condiciones de confort, funcionalidad y calidad están pensadas para favorecer el rendimiento académico.
El proyecto, además, incorpora tecnología de última generación en climatización, conectividad, seguridad y eficiencia energética, con criterios de sostenibilidad que lo posicionan como una infraestructura moderna y alineada con los desafíos actuales.
Belvisi también puso énfasis en el proceso colectivo que hizo posible la obra, destacando la articulación entre equipos técnicos, organismos y empresas. En ese sentido, valoró el significado más amplio del proyecto. “Demuestra que Paysandú es capaz de encontrar oportunidades donde otros ven dificultades”.
La residencia se inserta en un proceso más amplio de transformación de la ciudad, que en los últimos años ha fortalecido su perfil universitario a partir de la presencia de instituciones como UdelaR, UTEC, UTU y el Instituto de Formación Docente.
En ese escenario, la disponibilidad de un espacio de estas características no solo mejora las condiciones de estudio, sino que también reduce barreras de acceso para jóvenes del interior profundo.
El impacto, por tanto, “no es únicamente individual, sino también colectivo. Cada estudiante que accede a esta residencia encuentra una oportunidad, pero al mismo tiempo se fortalece un modelo de desarrollo que apuesta a la descentralización y a la igualdad de oportunidades”.En definitiva, “la Residencia Universitaria de Paysandú no es solo un lugar para vivir, es un espacio donde comienzan proyectarse de vida».


