Odisea rural: ómnibus quedó varado rumbo a Tacuarembó y maestras reclaman caminos seguros

Un ómnibus que se dirigía a Tacuarembó quedó varado en la mañana de este lunes, luego de desviarse por un camino alternativo en mal estado rumbo a la zona de Tiatucurá. A bordo de la unidad 248 de Copay viajaban unas 15 personas, entre ellas varias maestras que se trasladaban hacia sus centros educativos.

El hecho se registró cerca de las 6 de la mañana, cuando el vehículo, tras pasar por Morató, tomó el trayecto conocido como “camino de arriba”, una vía secundaria utilizada habitualmente para evitar el cruce de los arroyos Sarandí y Tiatucurá. Sin embargo, debido al avanzado deterioro del camino y las recientes lluvias, el ómnibus quedó atascado en el barro, lo que le impidió continuar su marcha. Según trascendió, la misma unidad ya había enfrentado dificultades similares en ese tramo durante la semana anterior. Luego de un primer intento de remoción, el ómnibus volvió a encajarse pocos metros más adelante. Fue necesaria la intervención de un tractor perteneciente a la estancia La Lolita para colaborar en el rescate del vehículo

La maestra Gabriela Bideberregain, directora de la Escuela 20 de Arbolito, relató ala diario sanducero El Telégrafo que el ómnibus “salió a las 3.30 desde la Terminal de Paysandú” con destino a Tacuarembó. Viajaban personas que trabajan en localidades como Orgoroso, Piedras Coloradas, Morató, TiatucurÁ, Arbolito, Piedra Sola y hasta Rivera.

Ante la intransitabilidad del arroyo Sarandí, el chofer optó por una vía alternativa. “Es un camino más corto, pero más aislado y en mal estado. Ya lo hemos tenido que usar otras veces…”, explicó. A unos dos kilómetros, el ómnibus se hundió en el barro. “No hubo forma de sacarlo…”, agregó.

Solidaridad rural y maniobras riesgosas

La docente destacó el accionar de vecinos y Policía de Morató. “Agradecemos especialmente a la estancia La Lolita y al padre de una alumna que trajo el tractor”, señaló. Aunque el primer intento falló, el ómnibus logró salir tras varias maniobras riesgosas. Después, “esperamos casi dos horas a que bajaran las aguas del arroyo… no se veía el fondo. No hay señalización ni barandas…”, describió.

Guiado por vecinos y baqueanos, el chofer cruzó el paso. La docente, que debía llegar a las 6.45, arribó recién a las 11.30, y otros casos sufrieron mayores retrasos.

Reclamo desde la ruralidad

Bideberregain remarcó que no fue un hecho aislado, sino parte de las dificultades cotidianas en zonas rurales. “Fue toda una odisea. Los pueblos olvidados siguen esperando soluciones”, dijo. “Esto podría haberle pasado a una ambulancia. No es un capricho pedir caminos en condiciones…”, advirtió.

El episodio vuelve a evidenciar las fallas estructurales en la infraestructura vial del interior profundo de Paysandú. Se reclama a las autoridades mejor conectividad, seguridad vial y acceso garantizado a salud y educación.

*El Telégrafo

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