
Favorecidas por sus costumbres urbanas, el cambio climático y su capacidad para reproducirse sin machos, tres especies de escorpiones de veneno peligroso se establecerán probablemente en ciudades uruguayas en el futuro cercano, lo que obligará a tomar precauciones para evitar accidentes.
Tras volver de unas vacaciones en la isla de Margarita en 2012, una familia de Carrasco desarmó el equipaje en su casa y se llevó una sorpresa. De la valija prolijamente acomodada en origen salió un escorpión de unos siete centímetros de largo. O un alacrán, para quien prefiera usar ese nombre común que refiere al mismo animal.
En Uruguay viven cinco especies de escorpiones nativos y una especie introducida, pero aquel ejemplar no pertenecía a ninguna de ellas. Había viajado como polizonte desde el Caribe a Uruguay, igual que en el argumento de una de esas películas de horror arácnido que tanto abundan desde la década del 50.
En vez de dar un zapatazo al escorpión viajero, la familia tomó la atinada decisión de guardarlo en un recipiente y llamar a expertos del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE). El polizonte resultó ser un ejemplar de la especie Tityus discrepans, potencialmente peligrosa para seres humanos.
Al año siguiente ocurrió algo parecido con otra especie del mismo género, Tityus footei, que llegó desde Machu Picchu a un hogar de Pocitos aprovechando la comodidad de la mochila de un joven.
En ninguno de estos casos la llegada de los escorpiones viajeros dio pie a que esas especies exóticas prosperaran y se establecieran aquí, pero eso no significa que esa situación sea imposible.
De hecho, la especie exótica de escorpión que sí logró prosperar en Uruguay, Euscorpius flavicaudis (reconocible por su cola amarilla), también llegó gracias a la ayuda humana. Se la encontró por primera vez en Paso Molino, en un viejo depósito de materiales del puerto, en 1996, tras haber arribado probablemente con mercaderías en algún barco, y desde entonces se ha extendido a otros barrios capitalinos.
Ninguna de las especies registradas en Uruguay es peligrosa para el ser humano, salvo una excepción muy discutible de la que hablaremos más adelante. Eso, sin embargo, cambiará probablemente en el corto o mediano plazo. Así lo advierte un reciente estudio realizado por los especialistas argentinos Alexis Barrios, de la Universidad de Catamarca (Argentina), Pablo Martínez, de la Universidad Federal de Sergipe (Brasil), y Andrés Ojanguren, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
En él investigaron la expansión en curso de seis especies de escorpiones con veneno poderoso en el cono sur del continente y proyectaron lo que puede ocurrir con ellas en las próximas décadas, debido tanto a la acción humana directa e indirecta como al extraordinario truco sexual que perpetran algunas de esas especies.
Para entender qué consecuencias tendrá esto para nuestro país y de paso separar mitos de verdades, entra en escena un especialista local: el biólogo Carlos Toscano, del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva del IIBCE.
Esto trae cola
“Hay que aclarar algo: es cierto que ninguna de las especies de escorpiones presentes en Uruguay representa un problema para los seres humanos, pero no hay que manipularlas. Como con las abejas, una picadura puede no hacerle nada a una persona y, sin embargo, crearles grandes problemas a otras que son alérgicas”, dice Carlos Toscano desde su espacio de trabajo en el IIBCE, rodeado de recipientes con arañas y escorpiones a los que alimenta con esmero incluso en sus días libres.
Para demostrar cuán fascinantes le resultan los escorpiones, apaga las luces de la sala, enciende una linterna de luz ultravioleta e ilumina un ejemplar de Bothriurus rochensis, una especie endémica del este uruguayo como bien ilustra su nombre científico. El escorpión brilla con hermosos tonos fosforescentes en la oscuridad, una característica cuya función no es clara aún, pero que podría servirles para distinguir entre especies.
*Escribe Martín Othegui para La Diaria Foto: Denise Cándido


